Pasé el viernes por la biblioteca de ikastola a devolver unos libros, y me encontré con este. Nada más leer el título, me cautivó, y claro, no podía dejarlo ahí solo, por mucho que la bibliotecaria me contara que era una historia muy triste.Sinceramente de Paolo Giordano no había oído hablar (últimamente me ha dado por las escritoras francesas). Y casi casi me cae hasta mal. ¿Cómo se puede tener tanto talento con tan pocos años? ¡Que el tío es de 1982! Confieso que al ver que el autor era italiano estuve en un tris de no pillar el libro, porque la bibliotecaria me estaba contando eso de la historia triste matizando que era una historia de amor. Me temía una pastelada infumable, pero afortunadamente pudo la atracción que en mí ejercía el título. Ganó a la bibliotecaria y al mismo origen del autor.
No es una historia de amor, porque nadie que no se ama a sí mismo puede amar a otra persona. Los personajes, Alice y Mattia vienen condicionados por infancias traumáticas y adolescencias difíciles. Son dos personajes marcados psicológicamente por los hechos que les ha tocado vivir. Viven al límite, juntos a lo largo del tiempo, pero sin formar un uno. Son dos soledades que durante años discurren paralelas. Son, como el mismo Mattia comenta en un momento dado, dos número primos gemelos, cercanos pero nunca juntos.
La soledad de los números primos se lee con facilidad, aunque no sea una historia fácil. Con un final nada sorprendente, en la onda de la psicología de los propios personajes que siendo abierto no da opción a creerse segundas partes. Ruda, real (al menos verosímil), es una novela que os recomiendo.

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